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Foto: Juan Diego Rodríguez -OPGBEl Instituto Geográfico Agustín Codazzi recomienda a los agricultores realizar varias prácticas para minimizar la pérdida de agua. 

Fue así como el director general del IGAC, Juan Antonio Nieto Escalante, advirtió que si los agricultores y campesinos colombianos no realizan adecuadas prácticas de manejo en las tierras, y esencialmente sobre las plantas cultivadas, los efectos del Fenómeno del Niño podrían ser catastróficos sobre los suelos, y generar consecuencias adversas.

Este fenómeno, cuya característica principal es el déficit de lluvias por periodos prolongados, empezaría en el mes de julio y podría ampliarse hasta finales de 2014. Así lo manifestó en abril pasado el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM).

Nieto Escalante recordó el caso de Paz de Ariporo en Casanare, donde por la fuerte sequía, las características del suelo de la región y la falta de decisiones en cuanto al manejo de las tierras, murieron miles de animales, se secaron los ríos y la llanura se convirtió en un desierto con ambiente mortuorio. Justamente el IGAC, en los últimos dos meses, elaboró dos informes muy sonados: “Los 5 pecados que podrían haber generado la tragedia ambiental en Casanare” y “El anti ranking de conflicto de uso de suelos del Caribe colombiano”.

“Si bien estamos frente a un fenómeno natural y según algunos expertos, cíclico, es importante recordar que la seguridad alimentaria de las poblaciones pueden estar en riesgo, cuando además de los procesos naturales le sumamos prácticas inadecuadas de producción”, explicó Nieto Escalante.

Las recomendaciones

Para minimizar los impactos de esta temporada de sequía en el país, el IGAC recomienda que los agricultores implementen varias prácticas de manejo en sus cultivos, como aumentar la cantidad de materia orgánica, para mejorar así la estructura, aireación y drenaje, e incrementar la capacidad del suelo para retener nutrientes y agua.

A su vez, los campesinos podrían aplicar una técnica denominada la mínima labranza, que consiste en realizar el menor número de pasadas en el suelo, que conlleva a un mejoramiento de las propiedades físico-químicas del suelo.  

Por otro lado, se deben erradicar prácticas insostenibles para el suelo, como la eliminación de la cobertura vegetal y la quema inmediata del rastrojo.

“Esta práctica violenta para el suelo es usada en algunas regiones del país de manera artesanal y recurrente, lo cual afecta la actividad de los microorganismos que ayudan a recuperar la estructura del suelo y su capacidad productiva”, manifestó Nieto Escalante.

Un Niño ruidoso en cuatro zonas

Cuatro zonas del país serían las más vulnerables al padecer los fuertes estragos del Fenómeno del Niño: la Altillanura colombiana, el valle del río Cauca y las regiones Caribe y Andina.

  1. 1.    Altillanura

Los suelos de la Altillanura cuentan con una baja retención de humedad (por las arcillas caolinitas), bajos contenidos de materia orgánica y en varios sectores por texturas francas con predominio de arenas y limos. Estos suelos se secan rápidamente y, por ende, el aporte de agua para las plantas cultivadas debe ser suplementada con riego.

“Para evitar la pérdida de agua de los suelos, se deben implementar prácticas de manejo con coberturas vegetales como leguminosas (como el kudzu)”, apuntó el director del IGAC.

  1. 2.    Valle del río Cauca

Con relación al valle geográfico del río Cauca, en términos generales la mayoría de los suelos de la zona tienen una alta capacidad de retención de humedad por el tipo de arcilla presente y los altos contenidos de materia orgánica. Sin embargo, estos requieren mantener contenidos adecuados de agua para que no se endurezcan, y así no causen estrés hídrico a las plantas y rotura de las raíces por el  agrietamiento.

  1. 3.    Región Caribe

Algo similar ocurre en la región Caribe, en donde hay grandes áreas con este tipo de suelos. A esto se le suma que sufren por la acumulación de sales, las cuales ascienden a la superficie cuando es mayor la eliminación de agua desde el suelo a la atmósfera; estas sales aumentan el estrés hídrico y disminuyen la calidad y cantidad de cultivos.

  1. 4.    Región Andina

En la región Andina, los suelos se pueden ver afectados principalmente por las fuertes pendientes y las explotaciones intensivas, lo cual deja desprotegido el suelo, genera procesos erosivos y disminuye su capacidad productiva.

“Otros problemas que incrementan las consecuencias de la sequía del Niño son el incremento de la erosión eólica, la posibilidad de aumento de incendios forestales y de la temperatura del suelo, y la ineficiencia en la fertilización de cultivos”, puntualizó Nieto Escalante.

¿Y por departamentos?

Los departamentos con mayores conflictos de uso del suelo (sobre y subutilización), también serían vulnerables al ser afectados por la ola de calor, ya que su superficie está más expuesta a la radiación solar y en casos de pérdida o deterioro de la cobertura vegetal, se reduce su capacidad natural de retener agua.

Los departamentos más expuestos serían Sucre, Norte de Santander, Atlántico, Magdalena, Cesar, Caldas, Córdoba, Santander, Bolívar, Tolima, Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, Huila y Risaralda. (DIANA HAMON MONTAÑEZ-IGAC Boyacá).

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