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Juan Carlos Granados, gobernador de Boyacá, garante del acuerdo entre el gobierno nacional y los campesinos. Foto: Julio César Granados

El anuncio presidencial de incremento de la fuerza pública y la instrucción de los promotores del paro para abrir las vías, devolvió la tranquilidad al departamento.

Visiblemente emocionado, el gobernador de Boyacá, Juan Carlos Granados Becerra, expresó su satisfacción por la decisión de los líderes del movimiento Dignidad Campesina de ordenar el desbloqueo de las vías, luego de 12 días de parálisis 

Fueron, sin duda, jornadas aciagas para el jefe de la administración seccional, quien desde antes de activarse el paro agrario, advirtió al gobierno nacional sobre el impacto que tal decisión generaría  en la dinámica social y económica de esta región.

A las 8 de la mañana del viernes 30 de agosto, cuando se cumplían 21 horas desde cuando comenzó la segunda fase de los diálogos entre los delegados del presidente Juan Manuel Santos y los promotores del movimiento agrario, el panorama era desalentador. El Jefe de Estado había pedido a sus ministros regresar con urgencia a Bogotá ante la demora en la firma del acuerdo que permitiría superar los taponamientos.

El primero en salir del recinto fue el ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán Heredia. Claramente molesto por el tiempo invertido y la ausencia de  un arreglo efectivo, Estupiñán subió al vehículo que lo esperaba a las afueras del Palacio Arzobispal y partió hacia el helipuerto del Batallón Bolívar. Al cabo de una hora regresó ante una opción de conciliación.    

Entre tanto su compañero del Interior, Fernando Carrillo Flórez; y el secretario general de la Presidencia, Aurelio Iragorri Valencia, hacían consultas telefónicas y  conversaban con los mediadores: el gobernador de Boyacá,  Juan Carlos Granados; el alcalde de Tunja, Fernando Flórez; y el arzobispo de la capital boyacense, monseñor Luis Augusto Castro Quiroga. 

Sobre las 11 y 30 de la mañana, cuando la opinión pública nacional esperaba lo peor, los dos grupos de negociadores ingresaron al Auditorio Presbiteriano de la Casa Arzobispal para emitir una declaración a los cerca de 50 medios de comunicación, regionales, nacionales e internacionales, que durante largas horas permanecieron expectantes al desarrollo de las conversaciones.       

Cuando Richard Fuelantala, líder indígena e integrante de la mesa sectorial agropecuaria, pidió a los manifestantes  permitir el libre tránsito vehicular, luego de los acuerdos parciales alcanzados con el gobierno, se advirtió en el escenario una distención generalizada. 

Una leve sonrisa, pero al fin y al cabo una sonrisa de satisfacción, se dibujó en el rostro del gobernador Juan Carlos Granados. Igual expresión se reflejó en todos los presentes en el recinto, pero además de los miles de boyacenses y colombianos que, con ansiedad, aguardaban el final de esta pesadilla.

El gobernador fue uno de los boyacenses más preocupados, pues sabía del padecimiento de sus paisanos al no poder desplazarse por las vías de Boyacá. Cientos de viajeros quedaron atrapados en las terminales, muchos comerciantes agotaron sus mercancías o las perdieron por el cierre obligado de sus establecimientos.

Fueron dramas que sin duda inquietaron al mandatario, pero lo que más impactó su tranquilidad fue el padecimiento de quienes, por sus condiciones de salud, requerían de exámenes o procedimientos especializados a los cuales no pudieron acceder como consecuencia de la obstrucción vial. Las infracciones a la misión médica estuvieron a la orden del día y dos personas perdieron la vida por la radicalización de la protesta. También lo angustiaron las denuncias de violación a los derechos humanos vividas en desarrollo de las refriegas entre la fuerza pública y los campesinos. 

Pese a las circunstancias, el gobernador admitió que el retiro de las barricadas le daba tranquilidad, aire, energía y, por su puesto, mucho optimismo.

“Tener la posibilidad del desbloqueo y de que el gobierno siga conversando con nuestros campesinos en procura de mejorar sus condiciones, es un gran éxito, primero para el orden público de nuestro departamento, para la tranquilidad de todos los ciudadanos, pero, por supuesto, para nuestros campesinos que  necesitan reivindicaciones”, declaro, eufórico, el gobernador de Boyacá.

Durante los 12 días del paro agrario, Granados Becerra demostró su liderazgo. Estuvo al frente de cada detalle que se tratara en la mesa de conciliación. Se le veía solícito a las inquietudes de los campesinos y a las preguntas de los ministros. Trasnochó con los negociadores, sufrió como ellos y como los cientos de boyacenses que en vela esperaron una luz al final del túnel.

Y aunque el paro agrario no ha concluido, la tranquilidad regresa con lentitud a los pueblos y ciudades del departamento. Todos esperan que el gobierno y los campesinos resuelvan los siete puntos de la agenda, del cual apenas han abordado el primero, y que se cumpla al pie de la letra lo que dijo con vehemencia Fernando Carrilllo Flórez, ministro del Interior: “De esta crisis saldrá una política agraria concertada”. (FIN/Juan Fernando Romero/Germán García Barrera).

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