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Reseña del Campo Histórico

Saliendo de Bogotá, por la autopista central del Norte a 115 kilómetros y a 14 kilómetros de la ciudad de Tunja, la capital de Boyacá, se localiza ‘’El Altar de la Patria’’, lugar donde nació la República y la Democracia Colombiana, la cual contribuyó en defensa de la soberanía Americana.

Sábado 7 de agosto de 1819

 

(Parte de batalla, firmado por el general Carlos Soublette, Jefe de Estado Mayor  Ventaquemada, Agosto 8 del 1819).  (Documento transcrito textualmente).

 

“Al amanecer del día de ayer desde el Alto de San Lázaro de la ciudad de Tunja dieron parte los cuerpos de avanzada, que el enemigo estaba en marcha por el camino de Samacá. El ejército se puso sobre las armas, y luego se reconoció que la intención del enemigo era pasar por el Puente de Boyacá, sobre el río del mismo nombre, para abrir sus comunicaciones directas y ponerse en contacto con la Capital de la Nueva Granada, nuestras tropas marchan por el camino principal para impedírselo y forzarlo a admitir la batalla. 

 

A las dos de la tarde, la Primera División enemiga llegaba al puente, se dejó ver nuestra descubierta de caballería. El enemigo que no había podido aún descubrir nuestra fuerza, creyó que lo que se ponía era un cuerpo de observación, lo hizo atacar con sus cazadores, para alejarlo del camino, mientras que el cuerpo del ejército seguía su movimiento. Nuestras divisiones aceleraron la marcha, y con gran sorpresa del enemigo se presentó toda la infantería en columnas sobre una altura que dominaba su posición.

 

La vanguardia enemiga había subido una parte del camino persiguiendo nuestra descubierta y el resto del ejército estaba en el bajo, a un cuarto de legua del puente y presentaba una fuerza de 3.000 hombres. 

 

El Batallón Cazadores de nuestra vanguardia desplegó una compañía en guerrilla, y con las demás columnas atacó a los cazadores enemigos, y los obligó a retirarse precipitadamente hasta un paredón, donde fueron también desalojados; pasaron el puente y tomaron posiciones del otro lado; entretanto, nuestra infantería descendía, y la caballería marchaba por el camino. 

 

El enemigo intentó un movimiento por su derecha, y se le impusieron los rifles y una compañía Inglesa. Los batallones Primeros de Barcelona y Bravo de Páez, con el escuadrón de caballería de Llano Arriba, marcharon por el centro. El batallón de Línea de Nueva Granada, y los Guías de Retaguardia se unieron al batallón de Cazadores y formaron a la izquierda. La columna de Tunja y la del Socorro, le cierran la retirada por los cuatro costados. 

 

En el momento se empeñó la acción en todos los puntos de línea. El Señor General Anzoátegui, dirigía las operaciones del centro y de la derecha: hizo atacar un batallón que el enemigo había desplegado en guerrilla en una cañada, y lo obligó a retirarse al cuerpo del ejército, que, en columnas sobre una altura, con tres piezas de artillería al centro y dos cuerpos de caballería a los costados, aguardó el ataque. Las tropas del centro despreciando los juegos que hacían algunos cuerpos enemigos, situados sobre el flanco izquierdo, atacaron la fuerza principal. El enemigo hacía un fuego terrible, pero nuestras tropas, con movimiento de las audaces y ejecutados con la más estricta disciplina, envolvieron todos los cuerpos enemigos.

 

El escuadrón de caballería de Llano Arriba cargó, con su acostumbrado valor, y desde aquel momento todos los esfuerzos del General español fueron infructuosos. Perdió su posición. La compañía de Granaderos a caballo (todos de españoles), fue la primera que cobardemente abandonó el campo de batalla. La infantería trató de rehacerse en otra altura, pero fue inmediatamente destruida. Un cuerpo de caballería que estaba en reserva, aguardó la nuestra con lanzas caladas, y fue despedazando a lanzazos, y todo el ejército español en completa derrota y cercado por todas partes, después de sufrir una grande mortandad, rindió sus armas y se entregó prisionero.  

 

Casi simultáneamente el General Santander que dirigía las operaciones de la izquierda y que sólo le había puesto sus cazadores, cargó con unas compañías del batallón de líneas y los guías de retaguardia, pasó el puente y completo la victoria. 

 

Todo el ejército quedó en nuestro poder, fue prisionero el Coronel Barreiro, Comandante del ejército español en la Nueva Granada, a quien tomó en el campo de batalla el soldado de Primero de Rifles, Pedro Pascasio Martínez; fue prisionero, su segundo, el Coronel Jiménez, casi todos los comandantes y mayores de los cuerpos, multitud de subalternos y más de 1.600 soldados: todo su armamento, municiones, artillería, caballería, etc., apenas se han salvado 50 hombres, entre ellos algunos jefes y oficiales de caballería que huyeron antes de decidirse la acción. 

 

El General Santander con la vanguardia, y los guías de Retaguardia, siguió en el mismo acto en persecución de los dispersos hasta este sitio y el General Anzoátegui con el resto del ejército permaneció toda la noche en el mismo campo. No son calculables las ventajas que ha conseguido la República con la grandiosa victoria obtenidas ese día. Jamás nuestras tropas habían triunfado de un modo más decisivo y pocas veces había combatido con tropas tan disciplinadas y tan bien mandadas. 

 

Nada es comparable a la intrepidez con que el señor General Anzoátegui, a la cabeza de dos batallones y un escuadrón de caballería, atacó y rindió el cuerpo principal del enemigo. A él se debe en gran parte la victoria. El señor General Santander dirigió sus movimientos con acierto y firmeza. Los batallones Bravos de Páez 1 de Barcelona y el escuadrón de Llanoarriba combatieron con valor asombroso, las columnas de Tunja y el Socorro se reunieron a la derecha al decidirse la batalla. En suma, su excelencia ha quedado altamente satisfecho de la conducta de todos los jefes, oficiales y soldados del ejército Libertador en esta memorable jornada.  

 

Nuestra pérdida ha consistido en 13 muertos y 53 heridos; entre los primeros, el Teniente de caballería N. Pérez y el Reverendo Padre Fray Miguel Díaz, capellán de Vanguardia; y entre los segundos, el sargento mayor José Rafael de las Héras, el capitán Jhuson y el teniente Rivero’’.

 

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Fotografía: Darlín Bejarano



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